miércoles, 9 de enero de 2013

Se pierde el equilibrio Pro-Vida en la Suprema Corte



por Luis Antonio Martínez Guzmán

Alfredo Gutiérrez Ortíz Mena(Izq.) y Abelardo Pérez Dayan(Der.),
Nuevos ministros de la SCJN.

Un día de Marzo de 2002 una ley abortive es aprobada por la Asamblea del Distrito Federal. Se trata de la Ley Robles. No obstante, es en ese mismo año cuando una vez más se demuestra el inmenso valor político y social de la Suprema Corte de Justicia de la Nación: los once ministros se pronuncian contra dicha ley, y la dejan sin efectos. Cada una de esas once personas, conscientemente o no, jugó un papel crucial en la historia de México. Ocho de esas mismas once personas, 6 años después, aprobaron el aborto en el DF, en el 2008. ¿Qué cambió? ¿Qué mantuvo a los 3 restantes en su posición inamovible? Los principios y valores personales, su firmeza y solidez ante el valor de la vida a pesar de las presiones políticas. Apenas hace un año, escuché de viva voz de uno de ellos: “la diferencia fue la fuertísima presión que ejercieron los pro-abortistas sobre mis compañeros ministros.” Tiempo después, en septiembre de 2011, otra votación en torno al aborto, ahora tratándose de Baja California, deja en claro quiénes son los ministros Pro-Vida: Sergio Aguirre Anguiano, Guillermo Ortiz Mayagoitia y Margarita Luna. Casualmente, un probable, Jorge Pardo, se une circunstancialmente a la causa, avalando, con estos 4 votos, la penalización del aborto en Baja California. Pues bien, dos de esos 4 votos, Aguirre Anguiano y Ortiz Mayagoitia, dejan la Suprema Corte hace apenas dos meses, quedando tan solo una ministra y un ministro “probables”, titubeantes, para defender al no nacido. En su lugar, entran dos hombres, uno probable, también tambaleante, y otro que picha “más pa’ allá que pa’ cá.” El equilibrio Pro-Vida en la SCJN está roto.


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