domingo, 13 de junio de 2010

'Católicas por el derecho a decidir´




‘CAMPAÑA DE MENTIRAS- 1’

El grupo pseudo católico “Católicas por el Derecho a Decidir” (CDD) de México ha lanzado una campaña repleta de falsedades y tergiversaciones, la cual desvirtúa la auténtica doctrina de la Iglesia contra el aborto y a favor de la vida, causando confusión en el pueblo católico. Tal campaña se declaró en los 9 estados de la República Mexicana, en los cuales se ha blindado la vida contra el aborto por medio de reformas para la constitución de esas entidades federativas. La campaña de las CDD inició en Jalisco porque ahí se iniciaron estás reformas y porque es donde se ha tenido que alzar la mano para ir contra iniciativas que conforman una verdadera conspiración contra la vida y la familia.

La campaña comienza apuntando la falsedad de que “la Iglesia no condena el aborto en muchos casos”, contradiciendo directamente la doctrina del Magisterio de la Iglesia sobre este punto. Esa doctrina, que es tan antigua y tan verdadera como la Iglesia misma, fue ratificada por el Papa Juan Pablo II en 1995 en su maravillosa Encíclica El Evangelio de la Vida: “Ante semejante unanimidad en la tradición doctrinal y disciplinar de la Iglesia, el Papa Pablo VI pudo declarar que esta enseñanza no había cambiado y que era inmutable. Por tanto, con la autoridad que Cristo confirió a Pedro y a sus Sucesores, en comunión con todos los Obispos que en varias ocasiones han condenado el aborto y que en la consulta citada anteriormente, aunque dispersos por el mundo, han concordado unánimemente sobre esta doctrina, declaro que el aborto directo, es decir, querido como fin o como medio, es siempre un desorden moral grave, en cuanto eliminación deliberada de un ser humano inocente. Esta doctrina se fundamenta en la ley natural y en la Palabra de Dios escrita; es transmitida por la Tradición de la Iglesia y enseñada por el Magisterio ordinario y universal. Ninguna circunstancia, ninguna finalidad, ninguna ley del mundo podrá jamás hacer lícito un acto que es intrínsecamente ilícito, por ser contrario a la Ley de Dios, escrita en el corazón de cada hombre, reconocible por la misma razón, y proclamada por la Iglesia”.

En abierta contradicción y desobediencia respecto de esta doctrina, el portal en la Internet donde la CDD lanza su campaña homicida tiene un enlace donde lleva al visitante a la lista de casos en los cuales presuntamente la Iglesia “no condena” el aborto. Lo primero que salta a la vista cuando uno visita esa otra sección es la foto de una joven en postura de oración. No hay duda de la habilidad para manipular la opinión pública a base de imágenes que tiene la CDD, intentando hacer lucir como algo “bueno” lo que es intrínsecamente perverso: la matanza de un ser humano inocente por medio del aborto.

Lo segundo que llama la atención es el título de esa sección que dice: “En muchos casos de aborto, la Iglesia no te puede excomulgar”. Aquí se trata no de una manipulación de la imagen, sino del lenguaje. En la sección anterior a ésta, la CDD había dicho: “La Iglesia no condena el aborto en muchos casos”; ahora dice: “No te puede excomulgar”. Aquí hay dos distinciones que es de capital importancia aclarar, porque está en juego la vida de incontables criaturas por nacer, así como la salud espiritual y psicológica (y en muchos casos física también) de sus mamás.

La primera es la distinción entre el acto en sí del aborto y la intención de la persona que lo comete o permite que se lo cometan. Como hemos visto en la cita de arriba de El Evangelio de la Vida, la condena de la Iglesia es de todo acto de aborto directo. Es sabido que la Iglesia siempre ha distinguido entre un acto grave en sí mismo (como el homicidio), porque viola valores de fundamental importancia (como la vida), y la intención de la persona que comete ese acto. Puede ser que por circunstancias de ignorancia no culpable, miedo patológico grave e insuperable u otras, la persona no sea culpable de pecado mortal o incluso no sea culpable del todo. Para que se dé un pecado mortal, no solamente el acto en sí mismo debe ser grave, sino que también la persona que lo comete lo hace con pleno conocimiento de que lo es y con plena intención y libertad. Pero el acto en sí mismo sigue siendo grave y por tanto condenable, y eso es lo que siempre ha enseñado, enseña y enseñará la Iglesia Católica.

Tenemos algo más sobre este tema...

NOTA: Gracias a Vida Humana Internacional por su importante aportación para estos artículos.


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