sábado, 31 de julio de 2010

La Sexualidad Humana en el Mundo Actual - I -.







FUNDAMENTOS Y ALCANCES DE LA SEXUALIDAD HUMANA


Profundidad del Portento.-

Es difícil que los ciudadanos del Planeta Tierra comúnmente reflexionemos sobre el gran portento de la naturaleza sexuada de la persona humana, es un fenómeno de extraordinaria amplitud, que expresa de un modo peculiar todos los estratos y elementos de la compleja unidad que constituye al ser humano. Se trata, pues, no de una mera determinación morfológica o anatómica, ni tampoco de una característica que pueda reducirse a categorías fisiológicas.

Indudablemente, la sexualidad afecta todas las dimensiones que constituyen la persona humana. Ya sea varón o mujer, y lleva inscrita esta condición en todo su ser. Sería difícil encontrar una virtud humana, desde las más espirituales o psicológicas, hasta las más orgánicas o fisiológicas, que no estuviera impregnada por la sexualidad integral de la persona.

La sexualidad no es sólo una maravilla en la constitución de la criatura. Es, además, un fenómeno extraordinariamente profundo, en cuanto que afecta decididamente al modo de ser del ente en cuanto tal. Quiere decirse con esto que no se trata de una cuestión trivial, sino que alcanza al núcleo mismo del ser humano, ya sea hombre o mujer, en lo más intrínseco de la persona.

Por esto, la condición sexuada del hombre aparece, en todas las razas, culturas, países, continentes, como un aspecto característico del modo de entenderse el ser humano a sí mismo. Puede decirse que las cuestiones relacionadas con la clasificación de la humanidad en hombres y mujeres, desde que ellos y ellas existen, constituyen una "constante" humana, desde el punto de vista genético, psicológico, y espiritual, a partir del momento mismo de la fertilización del oocito por el espermatozoide, complementados y sólo complementados y enriquecidos por los aspectos culturales, educativos, sociológicos etc. Sin que exista por tanto, un tercer sexo que es solamente una construcción por los conflictos, psicológicos, familiares y sociales de algunos pocos, pero ruidosos especímenes de la humanidad.

Lo Insondable de la Sexualidad humana.-

El lenguaje del amor humano está tan vinculado al núcleo más íntimo del hombre en cuanto tal, que allí donde se encuentra el fenómeno humano, aparece, de una forma u otra, la expresión de la condición sexuada, y, en consecuencia, allí se entiende perfectamente ese lenguaje.



La sexualidad no se presenta sólo con las características de amplitud antes mencionadas. Además de esa amplitud, la sexualidad tiene una característica decisiva que es su esencia; El fundamento de esta significación podría situarse en la vehemencia de los impulsos que desata en la persona, pero, en última instancia, la densidad de la significación humana de la sexualidad hay que situarla en la vinculación de tal maravilla con el origen empírico de cada persona humana.

Cada hombre existe, toma su origen, en el ejercicio de la sexualidad por parte de sus padres. La importancia de la sexualidad está, pues, estrechamente vinculada con la conciencia del carácter único que tiene la persona, en cada procreación, -irrepetible pero igualmente digna-. Es la advertencia de la misteriosa singularidad de cada persona, -explícita-, la que reclama para su origen una forma misteriosa y, en definitiva, trascendente.

Evidentemente, la sexualidad es una potencia existente en el hombre, pero no es una potencia creada por la racionalidad humana; de ahí el origen de la consideración religiosa o divina de las fuerzas humanas naturales contenidas en su potencial sexual.

Puede afirmarse que la divinización de la sexualidad en algunas formas culturales constituía una deformación, a veces manifiestamente aberrante, de la sexualidad, pero es igualmente evidente que esas deformaciones y aberraciones no suponían una banal glorificación del placer. Incluso las exaltaciones culturales de la pasión amorosa distaban mucho de ser mero hedonismo materialista.

Eran más bien todo lo contrario. En esas exaltaciones no se glorifica al hombre en su búsqueda ciega del placer. El placer no resultaba significativo en sí mismo; si eran glorificados era porque en ellos se reconocía implícita o explícitamente que la persona era poseída por un poder trascendente: justamente el poder al que remite el origen del ser humano.

Frente a esa concepción de la sexualidad cargada de misterio y trascendecia, la situación cultural de nuestro tiempo presenta un contraste sorprendente y doloroso. Se trata más bien de la banalización que la sexualidad va sufriendo de un modo progresivamente acelerado en nuestro mundo cultural contemporáneo. Las vías de esa trivialización son varias. Me limitaré a señalar como ejemplo tres: la banalización científica, la banalización mediática y la banalización lúdica.

Volvemos con el tema en el siguiente artículo...

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